Por María Esther Silva 

Pensamos que los “niños malos” son aquellos que se atreven a cuestionar todo, que se resisten a obedecer sin antes haber encontrado sentido a una norma, que se atreven a dar su opinión, los que dan a conocer sus necesidades. Generalmente son inatentos, muchas veces intranquilos y rebeldes.

Naturalmente ese comportamiento nos frustra como adultos. Es más, nos reta y nos llena de rabia no poder controlar la situación, y automáticamente como por arte de magia, los calificamos como irrespetuosos, irreverentes, malcriados.

Le ponemos una etiqueta que cargarán toda la vida. Los castigamos o les bajamos la nota por no obedecernos. Hacemos esto antes de haberlos escuchado con atención.

Y así, poco a poco, muchos de los “niños malos” van sintiendo que no encajan, que son raros y no merecedores.

Me pregunto si son realmente malos o están centrados en su sabiduría interna y se niegan a someterse a lo establecido.

Estos niños son nuestros mejores maestros, porque vienen a retarnos y hacernos pensar y actuar de una manera diferente. Vienen a nuestra vida a romper patrones.

Toda conducta tiene su mensaje. ¿Puedes ir más allá y entender el mensaje qué existe detrás del comportamiento?

¿Queremos o no ciudadanos críticos, que quieran hacer del mundo algo diferente? o, por el contrario, ¿queremos repetidores inconscientes de patrones que ya no tienen valor, y nos limitan la libertad de ser, con nuestras luces y sombras?

Respóndete y reflexiona sobre lo que quieres darle a tus hijos.