Por María Esther Silva

¿Cómo definirías a un «niño bueno»? Seguramente responderás que es aquel que obedece, que sigue las reglas, estudioso, que es tranquilo, atento y sigue al pie de la letra lo que le señalan los adultos.

Estos niños no causan problemas. Todo lo contrario: nos hacen sentir eficientes, pensamos que somos lo máximo ejerciendo nuestro rol como padres o maestros, y esta es la razón por la que nos gustan tanto los “niños buenos”.

Pero realmente son niños controlados por el adulto que le indica la manera cómo deben comportarse para lograr encajar. De esta manera, van perdiendo su autenticidad, la libertad de mostrarse tal y como son, y van escondiendo los comportamientos no permitidos, convirtiéndose en sombras.

De la misma forma actuarán en su vida de adultos, se les dificultará mostrarse tal como son por miedo a ser juzgados y temerán ofrecer su punto de vista por falta de valoración. Enséñalos a cuestionar. Permíteles errar, pensar y opinar diferente a ti.

Llegó el momento de mostrar eso que nos hace únicos e irrepetibles… Sí, diferente a los demás y desde ese lugar mostrar nuestro poder.

¡Nos seguimos leyendo!