Por María Esther Silva

La Teoría Biológica del Aprendizaje (Montes, 2004) surge como consecuencia de los grandes avances en la comprensión sobre el funcionamiento del cerebro, producto de las investigaciones en el campo de la Neurociencia y de la Bioquímica del Cerebro. Los aspectos centrales de esta teoría nos señala:

  1. Las neuronas son las células responsables del procesamiento de la información y de convertir las señales químicas en eléctricas, y viceversa. Son las únicas células pensantes.
  2. Cuanto mayor sea el número de conexiones neuronales que se establezcan, se logra la comunicación. Si se reutiliza con frecuencia, se mantiene como red neuronal relevante.
  3. El funcionamiento normal de las neuronas implica una actividad de integración y generación de información, por lo que siempre está en continua acción explosiva.
  4. El axón tiene dos funciones: conducir la información en términos de estimulación eléctrica y transportar las sustancias químicas llamadas neurotransmisores.
  5. Las dendritas, que son las ramificaciones que se extienden hacia el exterior del cuerpo celular, cuando existe un ambiente enriquecido, representan el sitio de llegada de los axones.

El cerebro humano es excelente para aprender. Cada nuevo estímulo, experiencia y conducta hace que el cerebro se reconstruya a sí mismo. Esto quiere decir que con cada nuevo aprendizaje significativo, el cerebro se autotransforma. Se incrementan las interacciones axones-dendritas (sinapsis).

Para nuestro cerebro existen vrias alternativas de acción según estén presentes o no estímulos y la novedad de los mismos: si no se presenta ningún estímulo, las neuronas permanecen inactivas y mueren; si se repite un aprendizaje, naturalmente los caminos neuronales se hacen más profundos y más eficientes. De allí es donde nacen los hábitos: la repetición permite que se integren a nuestras vidas. Si estimulamos el cerebro con cosas nuevas y significativas se “ilumina”, produciendo el crecimiento de nuevas dendritas y sinapsis (aprendizajes).

Si el maestro conoce toda esta información, tendrá claro cómo construir estrategias eficientes dentro del aula y obtener aprendizajes desde el disfrute, y no limitar a los niños a la memorización de una información. La clave para potenciar la inteligencia es aumentar el número de conexiones sinápticas entre las neuronas y no perder las que ya tenemos.

Cuando un maestro enriquece el ambiente para el aprendizaje, se obtienen cerebros más inteligentes, «con una corteza más gruesa, con más ramificaciones dendríticas, más crecimiento de las espinas y cuerpos celulares de mayor tamaño”, nos dice Henry Barrios-Cisneros (2009).

Para el crecimiento del cerebro en un ambiente enriquecido hace falta dos ingredientes: a. Un aprendizaje estimulante y novedoso y b. Debe estar implícito la emoción (sistema límbico). Sin emoción, no hay aprendizaje.

De toda esta fundamentación que nos ofrece hoy la Neurociencia (Cerebro Triuno / Teoría del Aprendizaje) nace el Modelo Educación Inteligente, con el cual buscamos que nuestros alumnos tengan un aprendizaje significativo, con sentido, que puedan integrar a sus vidas lo aprendido y, lo más importante, puedan conocerse y ser mucho más felices.

“El verdadero propósito de un aprendizaje es profundizar en la comprensión de su naturaleza como ser humano”.

Dr. Henry Barrios-Cisneros.