“Nuestro cerebro es el mejor aliado que tenemos para tener una vida completa y equilibrada”

Para conocer nuestro cerebro y profundizar de nuestra multidimensionalidad como seres humanos, los docentes tenemos la responsabilidad de enseñar y de conocer los descubrimientos de la neurociencia en los últimos años para integrarlos a nuestra práctica.

Ya hoy la neurociencia nos ofrece un GPS que nos guía para que un aprendizaje sea eficiente.

Desde los años 70 los científicos Papez y MacLean dieron a conocer su hallazgo científico. Encontraron que nuestro cerebro, producto de la evolución, posee tres estructuras con funciones diferentes, pero trabajan interconectadas como un todo.

La neurociencia invita a utilizarla todas, no solo esa parte de nuestro cerebro, como se ha hecho hasta ahora en la educación tradicional.

La educación que hemos conocido hasta ahora, y que aun sigue presente en gran cantidad de instituciones educativas, fue diseñada antes que conociéramos el funcionamiento de nuestro cerebro.

La educación ha sido dirigida hacía la neocorteza, hacía nuestro cerebro pensante, específicamente hacia el Hemisferio Izquierdo. Pues, allí es donde se encuentran las habilidades para las matemáticas, el lenguaje, el razonamiento lógico y científico, la memorización, el pensamiento lineal; dejando a un lado nuestra parte creativa, el pensamiento divergente, la emocionalidad, la música, el arte, habilidades tan importantes para afrontar los cambios y la globalización.

Este desequilibrio -el jerarquizar, hacer mayor hincapié en unas áreas más que en otras-  es lo que hace obsoleta e incompleta la educación, pues todas son importantes para formar un individuo competente y feliz.

Según teoría del Cerebro Triuno, formulada por los científicos mencionados anteriormente, nuestro primer cerebro en aparecer es el Reptil, el cual compartimos con los animales más básicos. Se encarga de mantenernos con vida, allí se encuentran nuestros instintos de supervivencia, las funciones vitales, nuestros hábitos y costumbres.

Como segunda estructura encontramos al cerebro Límbico, el cual compartimos con los mamíferos y se encarga, ente otras cosas, de regular nuestras emociones.

Esta dos estructuras no son tomadas en cuenta con la importancia que amerita dentro de la educación tradicional. Esto trae como consecuencia que invaliden o echen por tierra el trabajo hecho solo por la Neocorteza, tercer componente del cerebro.

Ejemplo de ello sería un estudiante brillante, con extraordinarias notas, que su incapacidad emocional le impida trabajar en equipo o compartir con personas de diferentes culturas.

Las grandes empresas hoy buscan, principalmente, individuos inteligentes emocionalmente que puedan ser preparados en diversas áreas de conocimientos.

Por lo tanto, si queremos llevar la educación a otro nivel y formar a los hombres y mujeres del mañana, felices y competentes, la educación debe estar dirigida a la totalidad del cerebro.

Ya es hora que la educación dé el salto cuántico y nuestros alumnos reciban la educación que se merecen.

Por Maria Esther Silva