Por María Esther Silva

La Neurociencia ha abierto nuevos caminos para el ser humano, develando el funcionamiento de nuestro cerebro, de la mente, pero también del corazón. Los hallazgos de esta disciplina nos ofrece valiosa información sobre los pasos a seguir para educar con eficacia.

La aplicación de la Neurociencia en la educación permite a niños y jóvenes conocerse, entender y creer en sus enormes posibilidades, y a los maestros le proporciona herramientas para desarrollar toda la potencialidad de los estudiantes.

A través de mi experiencia durante 20 años en el campo educativo, he observado que cuando el aprendizaje se lleva a cabo con los tres cerebros, se logra la integralidad. Y ustedes se preguntarán, ¿cómo aprender con tres cerebros, si el ser humano solo tiene uno?

Veamos qué nos dice Paul MacLean, creador de la teoría del cerebro triuno. Este destacado neurocientífico norteamericano propuso que el cerebro humano en realidad son tres cerebros: el reptiliano, el límbico y el pensante.

En el Cerebro Reptil, asociado a los instintos, se incorporan hábitos, rutinas de excelencia, haciendo la correcta anticipación.

La incorporación en el aula del trabajo pedagógico enfocado en el Cerebro Límbico nos permite ser más felices. ¿Por qué? La inteligencia emocional se desarrolla y se entrena en este cerebro.

Para completar nuestro funcionamiento como seres humanos, tenemos al Cerebro Pensante (neocorteza), cuyo papel es tan importante como los otros dos cerebros, porque abarca las habilidades cognitivas. En el hemisferio izquierdo del cerebro se ejecutan las operaciones matemáticas, lógicas, verbales y simbólicas, mientras que el hemisferio derecho está relacionado con la creatividad, la imaginación, el arte y la intuición.

Con los tres cerebros se procura trabajar con la integralidad del SER y su multidimensionalidad. De esta manera, en el aula estaremos haciendo un recorrido por los hábitos, las creencias, las emociones, la lógica y la creatividad.

Por otro lado, hoy se habla de la inteligencia del corazón. Hasta hace poco se pensaba que el cerebro era el rector principal de todas las funciones humanas. Sí, es indiscutible que constituye uno de los órganos más importantes, pero el poder del corazón supera con creces nuestra imaginación. El Instituto Heartmath ha realizado varias investigaciones que han sido validadas.

Sabemos que el corazón se comunica con el cerebro y el resto del organismo. Se comunica a través del pulso en ondas de presión. También hay una conexión en forma bioquímica, pues el corazón produce oxitocina, la hormona del amor, y hay una comunicación energética-magnética.

El corazón dispone de su propio sistema nervioso. Se encontraron aproximadamente 40.000 neuronas con neuro-transmisores y células auxiliares. Ese extraordinario campo electromagnético lo podemos potenciar en el aula con el movimiento del cuerpo y la respiración, lo cual generará emociones como la gratitud.

Para comprender el alcance de la inteligencia del corazón y cómo podemos equilibrar nuestro sistema nervioso, les recomiendo ver la charla de Howard Martin, vicepresidente ejecutivo de HeartMath Institute.

Si quieres profundizar aún más en el tema, también puedes consultar el libro Heartmath Solution de Doc Childre y Howard Martin.