Por María Esther Silva

“La educación tiene como finalidad intrínseca contribuir con el pleno desarrollo de la persona, así como la construcción de su dignidad: La educación será relevante si promueve el aprendizaje de las competencias necesarias para participar en las diferentes esferas de la vida humana, afrontar las exigencias y desafíos de la sociedad, acceder a un empleo digno y desarrollar un proyecto de vida en relación con los otros” (UNESCO, 2007).

Partiendo de este enunciado, la educación hasta ahora no ha cumplido con la tarea de desarrollar todas las dimensiones del ser humano, limitando su campo de acción.

Educación Inteligente, como proyecto, nace de la necesidad de abarcar todas aquellas áreas que no han sido tomadas en cuenta por la educación tradicional. Es un modelo en continua construcción, pues tiene un enfoque ecléctico y posee un objetivo claro que es el potenciar al alumno desde la etapa preescolar y así pueda desarrollar al máximo sus potencialidades.

Para lograrlo, la Educación Inteligente se deja guiar por los hallazgos de la Neurociencia y sus estrategias están basadas en la Teoría del Cerebro Triuno desarrolladas por Paperz y MacLean (1970).

Las habilidades que pretendemos desarrollar son:

  1. La inteligencia emocional.
  2. Las habilidades de pensamiento.
  3. El liderazgo personal, entendiendo como liderazgo la responsabilidad de las acciones y sus consecuencias, el compromiso con su entorno, el servicio a los demás.
  4. La creatividad como recurso inherente al ser humano.
  5. Enfoque hacia las potencialidades del alumno, dado que todos somos inteligentes de alguna manera. Descubrir y apalancarse en las habilidades y talentos de los alumnos es un valor fundamental para este modelo.
  6. Espiritualidad, enfocada mucho más allá de los dogmas y de la religión, entendiendo que somos seres espirituales, con una misión y propósito.

Cada una de estas habilidades se llevan a la práctica con una serie de estrategias que pueden encontrar en mi web.

La Educación Inteligente se sostiene sobre una base humanista, que busca potenciar al alumno y al docente como entes activos del proceso de aprendizaje. Aunque aún falta por entender completamente el funcionamiento de los circuitos neuronales implicados en la educación, estos descubrimientos abren caminos entre educadores y neurocientíficos. Esta colaboración multidisciplinaria, que define la Neurociencia de la Educación, contribuye a mejorar la comprensión y eficiencia de la psicología de la mente en el proceso enseñanza-aprendizaje.