Por María Esther Silva

El mundo ha cambiado de manera vertiginosa en las dos últimas décadas del siglo XX, pero en los primeros años del actual siglo hubo un hecho que transformó radicalmente nuestras perspectivas: el ataque terrorista a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

Con el derrumbe de las simbólicas Torres Gemelas, también se cayeron nuestras certidumbres. Comenzamos a vivir en un entorno VUCA, definido así dentro del ámbito militar.

VUCA es un acrónimo en inglés que se refiere a un entorno altamente volátil, donde se nos acabó la certidumbre y comenzó un futuro incierto en nuestro planeta. Vivimos un periodo de mucha complejidad para la toma de decisiones. Los cambios van a continuar y de manera exponencial. Esa la razón por la que me pregunto:

¿Hasta cuándo la educación sin sentido? ¿Hasta cuándo vamos a seguir con los mismos programas curriculares desarrollando competencias que muchas veces no agregan valor?

Por repetición e inconsciencia en el ámbito académico, seguimos en el mismo lugar de la Era Industrial. Desde mi punto de vista, debemos elevar el nivel de consciencia en las organizaciones, en los colegios y en las comunidades.

¿Qué competencias deben desarrollar nuestros alumnos para mantenerse de pie frente a este entorno?

    • Desarrollar el ser y su liderazgo personal.
    • Hacerlos conscientes de su potencialidad. Es nuestra obligación como padres y docentes.
    • Gestionar el conocimiento basado en sus talentos y habilidades.
    • Desarrollar un pensamiento crítico que le permita cuestionar todo, pero aún más importante es el desarrollo de un pensamiento creativo que le permita innovar.

Cuando nuestro compañero de viaje es la incertidumbre, debemos funcionar desde la reinvención, no desde la repetición y la supervivencia.