Por María Esther Silva

La mayor preocupación de muchos padres al ingresar a sus hijos en la etapa preescolar es que salgan de esta leyendo corrido y escribiendo textos. Esta inquietud se origina en la exigencia de algunos colegios tradicionales, academicistas o en la comparación con otros niños, hijos de sus amigos o familiares, y esto se convierte en una competencia. Lo mismo pasa cuando comienza la ansiedad con el caminar, el dejar el pañal, el hablar.

Hacer esa exigencia a niños que aún no está listos, por la razón que sea, desde mi perspectiva se convierte en un irrespeto. Ante esta situación, me mueve el deseo de transmitir una idea, de comunicar lo aprendido, de lograr que los demás se inquieten con ópticas diferentes y logren participar en lo nuevo, de salir de lo viejo, y que padres y maestros se conviertan en sembradores de cambios.

Año tras año me pregunto cuál es la estrategia que debo utilizar, como directiva de un centro de educación inicial, para que los padres concienticen que todos somos diferentes, que cada ser humano tiene su ritmo y particularidades, y que se debe respetar. Que es natural que un niño de 5 a 6 años no esté listo o maduro para realizar esta tarea, mientras otros sí lo están, a pesar de que han recibido la misma estimulación.

Como padres es importante entender que esta etapa se mide en términos de desarrollo, que no es tiempo de cuantificar y acumular conocimientos, es tiempo de construir una muy buena base social afectiva e intelectual que le permita adquirir aprendizajes en los niveles posteriores.

Por lo tanto, ¿qué es lo realmente importante en esta etapa?

  • Que desarrolle un buen concepto de sí mismo, aprenda a expresar sus sentimientos, comience a ejercer su autonomía.
  • Que aprenda hacer uso de nuevas habilidades y de los conocimientos que el entorno les proporciona.
  • Que sea capaz de asumir diferentes roles en sus juegos, que aprenda a trabajar de forma colaborativa.
  • Que resuelva conflictos mediante el diálogo.
  • Que aprenda a expresarse con seguridad, al tiempo que aprende a escuchar por igual.
  • Que logre un dominio del lenguaje para que sea capaz de iniciarse en el proceso de la lecto-escritura con éxito y disfrute, sin el apuro y estrés que le inyectan algunos padres.
  • Que construyan nociones matemáticas. Que encuentren relación entre objetos, espacio, tiempo y la posibilidad de comparar y clasificar. De esta manera podrán adquirir el concepto del número.
  • Que aprendan a resolver problemas con situaciones de juego que le exijan reflexionar y buscar soluciones mediante estrategias.
  • Que sientan interés por observar los fenómenos naturales, que sean capaces de formular hipótesis, cuestionar y opinar sobre temas de su vida diaria.
  • Que desarrollen la creatividad, la imaginación, la sensibilidad hacia el arte.
  • Que logren enamorarse de la naturaleza, a respetarla y hacerlos participes en la tarea de cuidarla.

Su paso por el preescolar debe ser una etapa feliz, de muchos juegos que le brinden herramientas para la vida, donde su inteligencia emocional sea trabajada día tras día para que se respete a sí mismo y respete a los demás. Que aprenda a identificar sus emociones y comience a regularlas.

¿Acaso esto no tiene importancia? ¿O aprender a leer y escribir es más importante? ¿Por qué desde esa edad lo sometemos a situaciones estresantes, haciéndoles exigencias para una habilidad que pronto llegará por sí sola, luego de ser estimulada?

Disfrutemos cada etapa sin apuros, con respeto. Esto es lo que les quedará para toda su vida.